sábado, 17 de diciembre de 2011

LA HISTORIA DE WILBO & ROSE (5)

Tras llegar a casa y dejar la bolsa con el pan sobre la mesa de la cocina, Rose subió rápidamente las escaleras hasta su cuarto. Tomó el teléfono inalámbrico de color púrpura que tenia en una mesita junto a su cama y con el pulso muy acelerado comenzó a marcar los botones, había memorizado el número de camino hacia su casa y estaba tan nerviosa que tardó unos segundos en responder cuando una grave voz de hombre al otro lado le preguntó quién era:

- ¿E-esta William? – preguntó ella tratando de tranquilizarse.

- Un momento. – dijo la voz grave, y seguidamente le oyó – ¡Will, es para ti!

- ¡Valeeee, lo cojo arriba! – sonó una voz lejana.

Al poco sonó un pequeño ruido y la voz de Wilbo dijo:

- Papá, cuelga. – y de nuevo otro ruido que supuso era el otro teléfono colgando - ¿Quién es?

- Soy Rose. – respondió ella con una mano cerrada sobre su pecho.

- ¿Rose? – escuchó su voz sorprendida - ¿Cómo has conseguido este numero?

- Me lo ha dado Beatriz.

- ¿Beatriz Verdana? – preguntó él extrañado.

- No se su apellido pero supongo que si... ¿Por qué no has venido a verme?

- No sabia si te parecía bien – dijo él – justo ayer lo hablé con Beatriz, aunque no recuerdo haberle dicho donde vivías.

- Me la he encontrado por la calle y parecía muy alegre cuando le pregunté por ti. – le contó Rose y al otro lado, sin poder verlo, Wilbo sonrió.

- Si esto no es el destino, es la coincidencia más grande de mi vida.

- Si – rió ella – y de la mía.

- ¿Cuándo puedo verte? – preguntó él al instante.

- Oh, pues... cuando quieras.

- ¿En serio?

Rose lo imaginó esbozando su media sonrisa.

- En serio. – dijo ella sonriéndole a su visión imaginaria de Wilbo.

- ¿Ahora mismo?

- ¿Ahora? – aquello la sorprendió y notó su corazón volver a latir con fuerza.

- Dime que si y estaré allí antes de que puedas decir “Otorrinolaringología”.

- Si.

Wilbo colgó el teléfono, se puso los botines, palmeó suavemente la cabeza de Áspero y salió corriendo de su casa esquivando por poco a su madre en el pasillo que soltó un grito apagado. Corrió como nunca antes había corrido, recorrió las calles a gran velocidad con una inmensa sonrisa en su rostro. Estuvo a punto de chocarse en más de cuatro ocasiones pero esquivó ágilmente cada uno de los obstáculos y casi sin aliento llegó a la puerta de la casa de Rose. Ella lo esperaba fuera y corrió hacia él al verlo.

- ...ología. – dijo ella como si acabase de terminar la palabra.

Wilbo rió jadeante y la abrazó con fuerza. Rose se fundió en su abrazo ignorando el olor a sudor y sin poder contener su felicidad. Su madre, observándolos desde la puerta, sonrió y luego cerró la puerta para dejarles a solas. A solas, dentro de lo posible, porque estaban en mitad de la calle.

- No he dejado de pensar en ti un momento. – le confesó ella.

- Yo para ser sincero también he pensado en alces pero en ti la mayoría del tiempo. - dijo separándose un poco de ella.

- Bésame – le pidió ella con su mirada fija en la suya.

- Lo cierto es que siempre me gustaron más los abrazos que los besos, aunque suelo pedir más lo segundo que lo primero.

- Bésame, bésame, bésame, bésame, bésame, bésame... – comenzó a decir ella.

Wilbo la estrechó entre sus brazos y la besó con pasión.

- Prométeme que no serás como los otros. Prométeme que no me dejarás.

- El único modo en que te deje será que tu decidas dejarme antes. – dijo el.

- No te dejaré de querer mientras viva. – afirmó ella y de nuevo la besó.

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