sábado, 17 de diciembre de 2011

LA HISTORIA DE WILBO & ROSE (4)

Dos días después de aquella primera cita entre Wilbo y Rose, esta última, sin noticias aún del chico de hermosa sonrisa, fue a media mañana a comprar algunas piezas de pan a una panadería cercana a su casa. El panadero era un hombre que rondaba los cincuenta años, le conocía desde que era muy pequeña y desde entonces, aunque habían pasado los años y Rose contaba con la edad de quince años (a espera de cumplir los dieciséis), la llamaba Rosita.

- Buenos días, Rosita. ¿Qué te pongo hoy?

- Ponme cuatro piezas de estas. – dijo señalándolas a través del cristal.

- Muy bien.

Mientras el panadero las cogía y colocaba en una bolsa marrón de papel, Rose echó un vistazo a su alrededor. Sobre un estante había un gracioso pato de juguete que captó su atención unos segundos. Después miró por encima de su hombro hacia la puerta del establecimiento y vio pasar a una chica que le resultaba familiar. Volvió la vista al frente pensando en su rostro, tratando de recordar donde la había visto antes, entregó un billete al dependiente mientras con la mirada perdida recogía la bolsa.

- Aquí tienes. – dijo el hombre poniendo en su mano la vuelta de su compra.

- Hasta otra. – se despidió de ella aún perdida en sus pensamientos.

- ¡Hasta lueguito!

Al oírle decir eso lo recordó al instante, la chica, aquella chica que acababa de pasar frente a la panadería, era la amiga de William. Salió a toda prisa de la tienda buscando rápidamente con la mirada a un lado y a otro de la calle, finalmente la detuvo en una chica que se había parado a mirar un póster de un concierto de una cantante solista llamada Danielle D’Amour. Anduvo a paso acelerado hasta llegar a su lado casi al tiempo en que la chica seguía de nuevo su camino.

- ¡Beatriz! – exclamó Rose asombrándose a si misma de recordar su nombre.

Beatriz Verdana se volvió lentamente hacia ella y la observó sin decir nada.

- E-eres Beatriz, ¿verdad? – balbuceó ella no estando ahora tan segura.

- Si. – dijo ella tranquilamente.

- ¿Me recuerdas? Nos conocimos hace una semana en la plaza Szerelem, yo estaba algo triste y... tú y William... vinisteis a hablar conmigo...

- Ah, si, ahora te recuerdo – dijo ella – aunque no tu nombre.

- Rose.

- Rose. – repitió ella sonriendo - ¿Cómo estas?

- Bien.

- Me alegro.

Hubo un momentáneo silencio entre ellas mientras Rose pensaba como preguntarle educadamente por William, que era el único motivo por el que se había acercado a hablar con ella.

- Mi hermana Miriam esta sola en casa y es mejor que vaya a hacerle compañía antes de que se le vuelva a ocurrir trastear con mi ropa. – dijo Beatriz.

- Perdona, solo... solo quería saber si sabias algo de William.

Rose notó que el pronunciar su nombre captó su atención, una sonrisa más amplia se dibujó en sus labios hasta mostrar los dientes y la tomó de ambos brazos echándose un poco hacia atrás observándola de nuevo como si quisiese captar hasta el ultimo de los detalles de su rostro.

- Así que eras tú. – dijo alegremente.

- ¿Yo? – por un momento Rose pensó que Beatriz no la había reconocido antes pero pronto supo lo que ocurría al oír su siguiente frase.

- Ayer me dijo que se había visto con alguien.

- ¿Qué mas dijo? – preguntó interesada la chica de la gorra bombacha.

Beatriz soltó una risita entre dientes y soltando sus brazos, buscó en su bolso hasta extraer del mismo un pequeño cuaderno y un bolígrafo. Anotó algo en una de sus paginas, la arrancó y se la extendió a Rose que la cogió de buena gana.

- Es su número, llámale.

Rose se quedó embobada mirando la hoja de papel con el teléfono escrito en la misma, Beatriz se despidió guiñándole un ojo y dándole la espalda se alejó contoneando su falda verde.

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