jueves, 20 de noviembre de 2014

LAS ONCE Y CUARTO


- Las horas están plagadas de frases contradictorias resonando en la bóveda de mis recuerdos, a veces interrumpidas por la evocación de aquella magnifica risa que siempre la acompañaba, sintiendo que a cada carcajada se marchita en mi mente cual hojas de otoño, al igual que el tiempo restante hasta el ocaso de la supuesta vida de esta envoltura que habito que no parece estar tan lejos ahora que afloran numerosas canas en mi cabello. Este viejo cascarón, desgastado por el paso de lo que me parecen siglos, nunca sintió las caricias profesadas por un amor verdadero, en cambio, fue golpeado en más ocasiones de las que podría siquiera recordar por numerosas expresiones de odio y desprecio de las que podría soportar, repitiéndose hasta en sueños para no olvidarlos jamás, y no es extraño pues, que acabase arrastrándome hasta el túnel de locura y demencia donde espero que al fin mi alma pueda escapar volando lo más lejos posible de este lugar.

- Solo... quería saber la hora, señor.

- Las once y cuarto, chico, las once y cuarto...

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