Hay dias en que sin que haya una explicación lógica aparente
deseo arrancarme mi ojo derecho. Extirparlo de su cuenca y
una vez fuera de la misma aplastarlo con fuerza en mi puño
mientras sangre caliente empapase mi rostro cual un rio de
lágrimas rojas surgiendo del hueco oscuro donde antes habría
estado mi globo ocular. Y cuando dicha sangre alcanzase mis
labios, la saborearía cual si me poseyese un alma vampírica
deseosa del néctar de la vida.
Al momento sacudo mi cabeza, para negar este pensamiento,
para borrar semejante idea como si jamás la hubiese pensado.
Pero en otras ocasiones, como ahora, pienso en el ojo
desgarrado de Betty Blue y me cuesta resistirme a seguir
sus mismos pasos esperando que de esa cuenca sangrante y
vacía escapen todo el dolor y tormento acumulado a lo
largo de los años.
Pero dejémoslo para otro día, aun voy a necesitar ese ojo,
al menos, por ahora.
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