viernes, 16 de junio de 2017

jueves, 9 de febrero de 2017

SUEÑO 09 - 02 - 2017



Iba con mi hermano a una especie de instituto que había dentro de una catedral. Por el camino vimos a dos chavales vestidos con un chaleco rojo y uno amarillo respectivamente que asaltaban a un tercer chaval, le robaron y luego salieron corriendo.

Llegamos al instituto-catedral y allí nos encontramos con mi padre que estaba buscando un tesoro escondido en el lugar. Nos mostró un mapa donde había marcados unos puntos. Tras mirarlo detenidamente trazó una curva entre dos de los puntos mas alejados y vio que pasaban sobre una zona en la parte alta de la catedral donde había dibujado un circulo. Nos preguntó si sabia como llegar a esa zona y le dije que podíamos preguntarle a Don Nacho (o Don Rafael, en el sueño iba alternando entre esos dos nombres como si no supiera como se llamaba.) Dicha persona era un anciano profesor del centro, debía ser nonagenario, era viejísimo. Fuimos a su encuentro, al verme me dio unos papeles y me dijo que los coloreara. Los miré y resultaron ser dibujos míos ya coloreados todos por mi. Nos sentamos los cuatro a una mesa y el anciano nos ofreció unos platos de comida. En todos ellos solo había carne (parecía ser de pollo). Mi hermano y yo decidimos irnos. Me levanté y salí del edificio por una puerta de cristal que se abría automáticamente al acercarte.

Al salir al exterior vi entre la gente que venia hacia el instituto-catedral a mi amigo Ryoga con su novia Ana. Anduve hacia ellos mientras fingía bailar flamenco y se rieron. Ana tenia algo que hacer y se fue. Le dije a Ryoga que estaba esperando a que saliese mi hermano pero no venia y me dijo que lo acompañase. Entramos en el edificio y fuimos por un pasillo donde Ryoga tuvo que usar una tarjeta para pasar una barra como las de la entrada al metro. Llegamos a una sala llena de gente donde una mujer estaba dando una charla. Ryoga sacó su móvil y grabó un par de minutos, luego salimos de dicha sala por otra puerta y llegamos a un enorme patio. Le pregunté si podía llamar con su móvil a mi hermano ya que al irme de la entrada de la catedral no me encontraría allí. Ryoga dijo que lo haría pero entonces vio a una chica con gafas y se acercó a preguntarle por qué no estaba grabando o haciendo fotos de la charla. La chica dio una pobre excusa y Ryoga me dijo que debía encontrar alguien que documentara el evento. Entonces miró hacia el otro lado del patio y dijo "Ahí viene Peperro!" (su primo en el mundo real) pero al mirar yo hacia las personas q se acercaban solo vi siluetas borrosas. Pensando en que me esperaba mi hermano, me despedí rápidamente y me fui por la entrada por la que habían llegado las siluetas borrosas.

Recorrí un pasillo y llegué a una sala llena de camas pequeñas, algunas con muñecas dentro acostabas cual si fueran personas durmiendo en ellas. Una de las muñecas me llamó la atención porque a diferencia de las otras tenia unos pechos grandes, algo impropio de las muñecas para niños pequeños. Al levantar la vista vi que en la esquina de la habitación había una cámara de vídeo de seguridad. Pensé que me habían grabado mirando a la muñeca con pechos y que pensarían que era un pervertido. Antes de salir de la habitación me fijé en unas fotos que había pegadas en un par de paredes, en la mayoría de ellas se veía a una ex-compañera de clase mia con los labios pintados de rojo.

Tras salir de la habitación seguí un pasillo largo hasta llegar a la sala donde nos habíamos sentado a la mesa con el anciano. Me dirigí a la puerta automática y salí del edificio. Fuera había todavía mucha gente, un gordo con el pelo moreno y barba me saludó con la mano. No le conocía. Se acercó y me dijo que mi hermano se había ido (al decir el nombre de mi hermano añadió de apellido Gómez, que no es nuestro apellido). El gordo dijo que conocía a mi hermano de un bar de Madrid y que me llevaría con él. Me sonó raro pero decidí acompañarle. Nos alejamos del edificio y llegamos a una calle muy larga y vacía. Al mirar hacia la derecha vi a dos tipos mal escondidos detrás de unos contenedores de basura, eran los ladrones de chaleco rojo y amarillo que había visto con anterioridad. Supe entonces que el gordo estaba con ellos y decidí alejarme. El gordo me persiguió. En la calle encontré un garaje abierto donde un tipo parecía estar arreglando una bicicleta. Le dije que unos ladrones me perseguían y que por favor me ayudase. El gordo le dijo que se uniese a ellos y podían dividir lo que me quitasen entre cuatro. El tipo del garaje le agarró por un brazo y le dijo que era ex-policía. Vi que los otros dos llegaban corriendo a donde estábamos y huí de ellos.

Llegué (no se cómo) a una sala de paredes blancas con tabiques que casi creaban un laberinto. Me escondí pero al poco pensé que huir era un error y salí al encuentro de los dos ladrones. Llevaban consigo una especie de telas de color rojo que al sentirlas en contacto con la piel provocaban mucho dolor. Me tocaron en un brazo con ellas, yo se las arrebaté y le metí a uno de ellos en la boca una de las telas. Le tapé la boca para que no pudiera escupirla, empezó a echar humo y se desmayó (o murió). El otro me miraba sorprendido, salté sobre él e hice lo mismo que con el otro. Deje sus cuerpos allí y me fui.

Seguí por la calle donde había visto a los ladrones escondidos detrás de los contenedores de basura. Me desplazaba con mi cuerpo volando a un metro de la carretera y me ayudaba dándome impulso con las manos apoyando estas en el suelo. Recordé que eso solo podía hacerlo en los sueños pero no pensé que estaba en uno. Al final de la calle llegué a un espacio abierto donde había un acantilado. Me puse en pie. Podía ver varias cascadas desde donde estaba, cual si fueran las cataratas del Niágara. A mi izquierda vi un sendero que subía pavimentado como si fuese un carril-bici. Lo seguí y llegué a un lugar donde había bicicletas de alquiler. Vi a mi madre junto a las bicicletas y le pregunté que hacia allí. Me dijo que "El Puma" quería hacer el sendero en bicicleta y ella se había ofrecido a acompañarle. Me giré hacia el tipo que estaba a su lado y vi que era el cantante José Luis Rodríguez "El Puma". Este me dijo que me uniera a ellos en el viaje en bicicleta. Le dije que no sabia montar en las "nuevas" bicicletas de manillar recto y me dijo que él me enseñaría. Entonces desperté.